Capítulo 169. El sonido de la felicidad.
París amanecía envuelta en una neblina ligera que se deslizaba entre los tejados y los balcones de hierro forjado.
Desde la enorme ventana del apartamento de los Moreau, la ciudad parecía todavía dormida.
Pero dentro de aquella casa, la guerra ya había comenzado.
—Julien...
Silencio.
—Julien...
Nada.
—JULIEN MOREAU.
El francés abrió un ojo.
—¿Estamos siendo invadidos?
—Peor.
Él se incorporó de golpe.
—¿Qué ocurre?
Alexandra levantó ligeramente el pequeño bulto que tenía en brazos.
—Tu hija llev