Capítulo 88. Entre la espada y la pared.
Dos horas después, las puertas de cristal de la Corporación De la Vega se abrieron de par en par. Pierina no iba sola. Caminaba con paso firme, tacones altos que resonaban como ráfagas en el suelo de granito, flanqueada por dos de los abogados más agresivos y costosos del país. Los empleados se pegaban a las paredes, intuyendo el desastre.
No anunció su llegada. Empujó las hojas de madera del despacho presidencial con una violencia que hizo que la secretaria se levantara del asiento del susto.