Capítulo 7. El precio de la obediencia.
El eco de la grabación de Augusto todavía vibraba en las paredes de la oficina, ensuciando el aire de lujo con el olor de la traición.
Leonella sentía que el suelo de mármol se inclinaba bajo sus pies. Augusto, el hombre que ella creía su salvador, la había puesto en una bandeja de plata frente al verdugo que ella misma había creado cinco años atrás.
Héctor no le dio tiempo de procesar el golpe. Se levantó de su asiento con la elegancia de un depredador que ya tiene a su presa acorralada y sin