Capítulo 6. El mercado de las almas.
Leonella se quedó petrificada en la terraza, viendo cómo las sombras de Héctor y Augusto se fundían con la oscuridad del pasillo. El aire frío de la noche no lograba apagar el incendio en sus labios ni el pánico en su pecho. Se obligó a respirar, a recomponerse. Tenía que salir de allí antes de que sus piernas cedieran.
Leonella regresó a la mansión con el cuerpo temblando y el sabor del beso de Héctor todavía quemándole los labios. El lujo del recibidor, que antes le parecía un refugio, ahora