Capítulo 15. Cenizas del compromiso.
El sonido de los cristales rotos de la copa de Pierina aún vibraba en el aire denso del despacho. El silencio que siguió fue una tortura. Pierina estaba petrificada en el umbral, con el vestido rojo sangre resaltando su palidez de muerte.
Sus ojos saltaban de la desnudez de Héctor a la de Leonella. Pese a ello, Héctor no se inmutó. Con una parsimonia que rayaba en lo inhumano, se puso de pie.
No buscó cubrirse, no pidió perdón, ni siquiera mostró un atisbo de vergüenza. Sus movimientos eran flu