Capítulo 12. La oficina del infierno.
El trayecto de regreso desde el aeropuerto fue un desfile de humillaciones silenciosas. Leonella iba en el asiento del copiloto, rígida como una estatua de sal, mientras que en la parte trasera, el perfume empalagoso de Pierina inundaba el lugar.
Escuchaba el roce de las telas, el murmullo de las risas cómplices y, lo peor de todo, el silencio cargado de una intimidad que ella ya no poseía.
Al llegar a la torre, Héctor ni siquiera la miró al bajar.
—Sube las maletas de Pierina a mi oficina —ord