Capítulo 50. Lazos de sangre.
Augusto inclinó la cabeza, sus ojos escaneando el perímetro, deteniéndose justo en la zona de los arbustos donde Leo estaba escondido. Martha sintió que el alma se le escapaba del cuerpo.
—Espero que tengas una explicación muy creativa —continuó él, con una sonrisa que no llegó a sus ojos—. Porque a esta hora, Martha, solo los que huyen o los que esconden algo están fuera de sus camas.
Martha apretó los puños tras la espalda. Sentía la mirada de Augusto clavándose en ella como un puñal. A pocos