Capítulo 67. El muro del silencio.
Héctor frenó frente a la cabaña, dejando una estela de polvo que tardó minutos en disiparse. Bajó del coche con el periódico arrugado en la mano, listo para derribar la puerta si era necesario y explicarle a Leonella que ese anuncio era el último estertor de la locura de su madre. Pero cuando llegó al porche, se encontró con una barrera que no esperaba.
La puerta no solo estaba cerrada; estaba bloqueada desde dentro. Héctor golpeó la madera con el puño, una, dos, tres veces.
—¡Leonella! ¡Abre!