Capítulo 49. La fuga bajo la tormenta.
La orden de Leonella a través del auricular había sido un latigazo. “Martha... escucha bien. Saca a Leo ahora mismo por la puerta de servicio... No mires atrás”.
Martha soltó el teléfono sobre la cama y sintió que el corazón se le salía por la garganta. Afuera, la noche parecía haber decidido tragarse el mundo. El cielo se había roto en una tormenta violenta; los truenos retumbaban contra las paredes de piedra de la villa como cañonazos de advertencia. El cristal de las ventanas vibraba, amenaz