Capítulo 51. Promesas.

El silencio que siguió fue más pesado que la tormenta exterior. Martha se llevó una mano a la boca, ahogando un grito. Leo se quedó inmóvil, procesando la palabra "tía", una palabra que en su mundo de secretos y huidas no existía.

—¿Tía? —repitió el niño—. ¿Eres hermana del señor que se parece a mí?

—Exactamente. —Alessandra le acarició el cabello con ternura, ya con más calma—. Él es Héctor, y es tu papá. Y yo soy Alessandra. Y a partir de ahora, nadie va a hacerte daño.

—Alessandra, por favor
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Ana Maria VittoPor Dios, esta es madre o es una Hiena, mira que confabularse con el enemigo de su hijo. espero que la vieja Eugenia no sepa de las denuncias contra Augusto, por que si no ya seria el acabose
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