Capítulo 36. Pacto de víboras.
Pierina salió furiosa del apartamento de Héctor, le lanzó las llaves al suelo y corrió como arma que lleva el diablo. Subió al coche, condujo a toda velocidad, pasando semáforos en rojos, no se detuvo hasta llegar a la mansión De la Vega.
Entró como un huracán de seda y llanto, con el rímel corrido manchándole las mejillas y el vestido de diseñador arrugado. No anunció su llegada; no le hacía falta. En esa casa, ella era el peón favorito de la reina.
Doña Eugenia estaba en el solárium, bebiend