Capítulo 139. Un equipo.

El abuelo de Héctor se paró, con un poco de dificultad, pero al final avanzó dos pasos largos, arrastrando su silueta imponente, aunque castigada por los años. Se detuvo justo en el centro del gran salón de paso, bajo la luz cálida de la lámpara de araña, barriendo a Héctor y a Leonella con sus pupilas oscuras, idénticas a las del Lobo.

Nicodemo soltó un suspiro denso, rudo, que pareció pesar una tonelada en el ambiente. Clavó la vista en su nieto con una fijeza solemne, desprovista de la sober
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