Capítulo 114. La cacería del lobo.
—¡Héctor, espera! ¡Está lloviendo a cántaros, las calles están congeladas! —le gritó Leonella, pero sus palabras se estrellaron contra la espalda del hombre.
Héctor salió del vestidor a zancadas, cruzó la recámara principal y bajó las escaleras de la mansión como una ráfaga de viento negro.
Bernardo intentó acercarse en el vestíbulo con un paraguas, pero el CEO lo apartó con el brazo, empujando los pesados portones de la entrada.
El aguacero invernal lo empapó en un segundo, pero él ni lo sin