13. La típica cuestión.
Sí, lo admitía, mi humor no estaba para nada que no fuera centrarme en mi mayor distracción habitual.
Me ocupé de revisar toda la información actualizada que Henry me enviaba desde Londres, comprobando, que no tenía que dar pie a los temores sobre su dirección en mis antiguas oficinas. Todo parecía ir viento en popa y era un motivo para alegrarme a pesar de llevar aquel día tan pesaroso.
Una parte de mí se sintió tentado de olvidar el desenlace de la pasada noche y consolarme nuevamente en b