46. La prueba.
Después de dos semanas sin cambios, la desesperanza era notoria en cada paso que daba. Mi vida se desmoronaba y me sentía prisionero de mis propias decisiones. Olympia se impacientaba, haciéndome ver sus dudas sobre mis verdaderas intenciones y mis sentimientos hacia ella.
—Ya no lo sé —contestaba bruscamente tras escuchar mis promesas de amor a distancia —. El saber que ella está ahí, contigo. Tiene a tu bebé y eso les unirá para siempre. Yo... solo siento que estoy de más en esta historia P