Epílogo.
Dos años habían pasado desde la noche de nuestro apasionado reencuentro. En cambio, ahora me tocaba regresar a un hogar vacío tras terminar una intensa jornada de trabajo. Debía admitirlo, en estos últimos días me había empeñado en alargarlas a conciencia, sobre todo porque necesitaba mantener mi mente ocupada intentando no estar triste por su ausencia.
Olympia había vuelto a marcharse, dejándome una vez más en la más absoluta miseria. No era extraño para mí, que una mujer tan vital como Olym