49. No te alejes, jamás (2)
Las miradas se concentraron en el centro de la sala, algo más iluminada que los extremos ocupados por cuerpos sudorosos, llevados de pasiones que no conformes, la admiraban como una tentativa más, distrayendo a algunos, provocando a muchos otros, hombres y mujeres que suspiraban por saborearla.
No obstante, yo supe apreciar que algo había cambiado en ella y su innata osadía, y no sabía bien cuánto, hasta que vi la actitud severa con la que Olympia reaccionaba a las tentativas de varios hombre