Quemando el pasado final
Bones me llevó a cada uno de los lugares que una vez se marcaron en mi mente como un rodillo caliente. Si no eran los amigos de Marco burlándose de mí, eran algunas chicas que metían mi cabeza en el váter o me empujaban por las escaleras hasta abrirme una brecha en la cabeza. Bones replicó todas y cada una de aquellas fechorías sin ningún tipo de remordimiento.
Ya en el suelo, al pie de las escaleras, le miré con la respiración agitada.
—¿Qué pasa…? ¿Ahora has recordad