La calma relativa de la casa no disipaba el peso de los sacrificios que el grupo había tenido que hacer para estabilizar el sello. Mientras reunían sus fuerzas y trataban de comprender qué sucedería a continuación, la idea de marcharse parecía a la vez posible y terriblemente incierta. La casa embrujada, aunque menos opresiva, seguía ejerciendo sobre ellos una influencia insidiosa.
Lucas, cansado pero decidido, alzó la vista hacia sus amigos. – Tenemos que irnos ahora. Si este ritual ha apacigu