Capítulo 34
Le aterraba que su hija no pudiera soportar verlo.

—Realmente quiero darle una paliza —dijo Mariano, con la nuez de Adán temblándole.

Catalina temía que su esposo, en un arranque, realmente fuera a golpear a Alejandro. Aunque hubiera sido fuerte de joven, ahora ya estaba mayor. Si llegaban a los golpes, quién sabe cómo terminaría.

Cuando Luciana salió de la cafetería, Catalina inmediatamente la tomó del brazo:

—Vamos rápido al bistró, tengo hambre.

Luciana asintió, pero al ver los ojos enrojecid
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