María escuchó la voz y se quedó como hecha de piedra.
¿Quién era esa mujer?
¿Habría escuchado mal?
—¿Tú quién eres? —preguntó con voz tensa.
Con una sonrisa malvada, Vanessa jugaba con la manta, trazando círculos con los dedos.
—Nos conocimos en tu fiesta de compromiso… Bueno, la verdad yo te vi a ti, porque tú solo me viste en la pantalla gigante.
—Eres tú… —María lo entendió y se puso peor.
—¿No estabas en la cárcel?
—Solo metí la pata, tampoco era para que me dieran pena de muerte, era obvio