—¿Confesaron rápido, no? —le preguntó Sebastián a Brooks, clavando la mirada en los hombres.
—Sí, no tardaron nada —respondió Brooks.
—¿Y de estos tres, quién es el jefe? —preguntó Sebastián, sin rodeos.
Brooks le dio una patada al que estaba en el medio.
—Este es. Se llama Colton Montoya.
Colton empezó a gritar más fuerte:
—¡Suéltennos ya! ¡Esto es un secuestro… es ilegal!
Brooks casi se ríe en su cara.
—¿Y lo de ustedes qué? ¿Eso no es delito?
Pero Sebastián ya estaba oliendo algo raro.
—¿De v