Luciana pensó que sus ojos la engañaban al ver esa fugaz sonrisa.
—Vamos —dijo él.
—¿Adónde?
—Cuando tu jefe te dice que hagas algo, lo haces sin hacer tantas preguntas —respondió con agrado mientras caminaba.
Luciana lo seguía trotando. —Abogado Campos, ¿puedo hacerle una sugerencia?
—Dime —contestó en ese instante sin detenerse.
—¿Podría caminar más despacio?
Sebastián se detuvo y la miró con intensidad, bajando la vista hasta sus piernas. Con total seriedad, comentó: —Ah, es que tienes las pi