Alejandro se dio la vuelta y entró al bufete.
Victoria sonrió satisfecha. —Perfecto, me encargaré de todo.
La heredera de los Campos aún estaba soltera. Quizás esperaba precisamente a su hijo...
Catalina, en absoluto silencio, seguía a Luciana, quien caminaba sin rumbo fijo.
—Luciana —susurró Catalina, tirando suavemente de su blusa.
—¡¿Cómo?! —gritó enfurecida Luciana.
Catalina se sobresaltó. Hoy había comprendido que su hija no había sido feliz con los Morales, que había sufrido muchísimo.
¡Ay