Luciana lo negó y retrocedió, haciendo un ligero gesto de despedida a Sebastián.
Cuando las puertas del ascensor se cerraron, se ajustó el abrigo. El estacionamiento subterráneo era espacioso y las corrientes de aire lo hacían muy frío.
Encogida, caminó directo hacia la salida, donde el frío parecía incluso más intenso.
Regresó al bufete, donde había un piso lleno de libros, incluyendo algunas ediciones especiales. Decidió ir a echar un ligero vistazo.
El tiempo de estudio pasó volando. La oscur