Luciana agachaba un poco la cabeza de vergüenza, y Estela no perdió la oportunidad de molestarla:
—Luciana, ya estuviste casada una vez, ¿cómo es que te pones tan tímida saliendo con alguien?
Apenas dijo eso, todos se quedaron mirando a Luciana.
Su cara se puso roja como un tomate.
—Tía...
Miró a Estela sin creer lo que estaba escuchando.
Sebastián le puso la mano en el hombro y le dijo en voz baja:
—Siéntate.
Luciana se sentó, incómoda.
—Luciana es de piel bien clarita, se sonroja fácil —añadió