—Me llamo Sebastián, gracias por lo de la otra vez —dijo Sebastián, ignorando por completo la mirada penetrante de Luciana.
De todos modos, Luciana no podía preguntarle nada frente a Catalina, así que tuvo que aguantarse.
—Pasen, pasen —Catalina estaba más que feliz mientras recibía los obsequios que traía Sebastián. De reojo, miró a su hermana como diciendo: “¿Tú viniste con las manos vacías?”
Estela fingió que no se daba cuenta.
En realidad, como había venido con el hombre que quería presentar