—Tía, no se acepta una recompensa si no te la mereces —dijo Luciana, convencida de que no debía aceptar cosas de alguien con quien ni siquiera iba a salir. No era tema de valor, sino de principios. Si lo aceptaba, después no podría explicarlo bien.
No le gustaban esas situaciones confusas.
—Ya, tía. Mejor entremos —cortó Luciana, cerrando el tema.
Pero Estela no pensaba dejarlo pasar tan fácil.
—¿Y por qué tanta prisa? ¡Ni siquiera me lo has presentado! —dijo con una sonrisa pícara.
Luciana leva