Luciana no se dejó intimidar por las amenazas de Alejandro.
Si su clienta terminaba sin nada y además en la cárcel, eso significaría que ella no tenía la capacidad suficiente.
Jamás suplicaría por un caso. Nunca.
Con los puños apretados, Alejandro observó a Luciana alejarse, firme y segura.
¿Desde cuándo se había vuelto tan fuerte?
¿O acaso Luciana todavía pensaba que todo esto era una broma?
—¡Luciana, te vas a arrepentir! —gritó Alejandro a sus espaldas.
Luciana escuchó, pero sonrió, irónica.