—¿A dónde vamos? —preguntó el taxista.
—Al mercado de flores y mascotas.
Luciana recordaba que profesor Manolo le había pedido a Olivia que le comprara una maceta. Ahora que estaba jubilado y en casa, seguramente se aburría.
Pensó en comprarle unas flores para que las cuidara.
Al llegar al mercado, encontró el lugar iluminado y lleno de vida. Los puestos estaban bien alineados: había plantas, loros, gatos, perros y peces dorados.
Le llamaron la atención dos peces dorados, con cuerpos redonditos