Luciana se quedó en silencio un momento, mirando a Catalina, desconcertada.
¿Por qué había pensado algo así?
—¿Parezco enamorada? —preguntó, confundida.
Catalina la miró de arriba abajo. Con el maquillaje y ese rubor bien aplicado, su cara lucía radiante, con ese tono rosado típico de una enamorada.
A ojos de Catalina, esa mirada inocente de su hija era pura actuación.
Seguramente aún no era el momento de “hacerlo oficial”.
Después de todo, probablemente llevaban poco tiempo saliendo.
Decirlo ah