NORA
El frío del banco metálico atraviesa mi falda, un frío cortante, real, que ancla mi cuerpo en este instante surrealista. Ella está aquí. De pie frente a mí. Clémence. Su sombra se alarga sobre la acera, cubriéndome. Levanto la mirada, mi corazón es un puño apretado que golpea contra mis costillas. Espero una nueva bofetada, gritos, puro odio. Pero su rostro es una tormenta agotada. La furia ha cedido el paso a una palidez de ceniza, a una vulnerabilidad que me desarma más que cualquier vio