Mundo ficciónIniciar sesiónNora
La luz del alba no era suave. Era cruda, despiadada, como un proyector apuntando a los estigmas de nuestra noche. Recortaba los ángulos duros del rostro de Hugo dormido, ahondando las sombras bajo sus ojos, subrayando la fatiga que lo envejecía diez años. Paz engañosa. Yo conocía el caos agazapado bajo esos párpados cerrados.
Me deslicé fuera de la cama, la piel aún impregnada de él, de nosotros. L







