NORA
El silencio que sigue a su partida es de una densidad casi irreal, un vacío saturado de electricidad, como si todo el aire de la habitación se negara a circular, congelado en la estupor y la humillación. Y sin embargo, detrás de las paredes, bajo el suelo, más allá de la puerta entreabierta, siento el mundo vibrar, murmurando, bullendo con el tumulto invisible de los rumores que se inflan, se agrandan, se deforman ya. Las palabras de Clémence siguen resonando en mi cabeza, ladrona, puta, c