Mundo ficciónIniciar sesiónNora
El coche se había convertido en la prolongación de su locura, un proyectil lanzado a las fauces de la noche. Los faros desgarraban las curvas cerradas, iluminando a destellos la pared rocosa a un lado, el vacío negro al otro. El olor del cuero, de su perfume y de la electricidad estática de nuestro silencio formaba una mezcla embriagadora. Yo miraba sus manos. Esas manos que sostenían las riendas de un imperio, que pasaban las p&aac







