Mundo ficciónIniciar sesiónNora
Dos días después.
No debería ni siquiera estar escribiendo esto. Mis dedos todavía tiemblan, y no es por el frío que se cuela por la ventana entreabierta de mi habitación. No, es él. Siempre él. Incluso ahora, horas después, siento la huella de sus manos en mis caderas, la quemadura de su boca sobre mi piel, ese dolor sordo entre mis muslos que me recuerda a cada paso que él está ah&iac






