NORMA
Sus palabras todavía resuenan en mí como una promesa y una amenaza, siento mi garganta seca, mi piel demasiado sensible, y sin embargo no me muevo, quedo congelada bajo el candelabro, sin poder apartar mis ojos de él, de su paso lento, de su silueta que me rodea como una sombra soberana.
Sus dedos se detienen en el borde de mi cintura, rozando el elástico de mi lencería, como un borde que aleja con un simple gesto, y su mirada se oscurece, cargada de una certeza implacable.
“Quítatelos”,