NORA
El taxi se detiene en el camino empedrado con un ligero chirrido de neumáticos, y mi corazón late aún más fuerte cuando mis ojos se posan en la villa. Iluminada por una luz cálida pero severa, parece a la vez majestuosa y amenazante, un lugar que no me pertenece, que nunca me pertenecerá, y donde me dispongo a entrar como si solo fuera una invitada tolerada, elegida, puesta a prueba.
El conductor me lanza una mirada rápida por el retrovisor, como si percibiera la vacilación que me retiene