NORA
La puerta de mi apartamento se cierra detrás de mí con un golpe sordo que resuena como una barrera, un intento de cortar el mundo exterior, pero el eco me recuerda de inmediato que no es una verdadera protección, solo un refugio frágil que solo puedo habitar unas horas más. Apoyo mi espalda contra la madera, mis ojos cerrados, respirando profundamente como para ahuyentar la tensión que se ha deslizado bajo mi piel desde el instante en que sus dedos rozaron los míos.
Sigo apretando ese pape