NORA
El trayecto es una niebla.
El coche avanza a través de la ciudad, pero no veo nada. Las luces, las fachadas, las siluetas que pasan al otro lado de la ventana no son más que manchas informes. Mis ojos permanecen fijos en mi reflejo en la ventana oscura: una palidez marcada, labios temblorosos que intento pellizcar, una mirada esquiva que ya no me atrevo a enfrentar.
Siento la presencia de Martín, silencioso a mi lado. Chofer, guardia, vigilante. Sé que ha recibido sus órdenes. No me hablar