NORA
El ruido seco de la cerradura me hace sobresaltar, mientras aún estoy desplomada en el sofá, las manos crispadas alrededor de un cojín como si me aferrara a él para no hundirme.
La puerta se abre lentamente, y una voz familiar rompe el silencio.
— ¿Nora?
Levanto la cabeza, y allí está mi Léa. Sus ojos avellana siempre brillan con una calidez casi maternal, pero esta noche, veo su sonrisa desvanecerse al encontrarme en este estado. Sus maletas arrastran detrás de ella, su cabello aún húmedo