Nora
El día se estira, lento y agotador. Cada minuto es un suplicio refinado. Traduzco, tomo notas, sonrío a los inversores japoneses. Represento tan bien mi papel que a veces olvido que es una actuación.
Hugo, por su parte, es de una corrección perfecta. Demasiado perfecta. Su mirada roza la mía de vez en cuando, cargada de un significado que solo yo puedo descifrar. Una pequeña sonrisa cuando lo hago particularmente bien, un leve levantamiento de ceja cuando mi voz casi tiembla.
La reunión te