Nora
El timbre del interfono rasga el silencio como una desgarradura en terciopelo. Me sobresalto, el corazón golpeando de repente a todo romper contra mis costillas. La noche es profunda. ¿Quién…?
Una voz, impersonal y nítida, se eleva desde el bajo del edificio.
—¿Señora Delmas? Paquete. Firma.
Un paquete. Ahora. Es absurdo. No me muevo, conteniendo la respiración, esperando que la persona se vaya. La espera es un peso. Luego, un bip breve. Un clic. La puerta de entrada del edificio se abre a