Nora
Me arrastro hasta mi bolso, saco el aparato. La pantalla brillante en la penumbra es una bofetada.
Soren.
2 mensajes sin leer.
Mi mano tiembla. Una parte de mí, la Nora de ayer, la Nora idiota y asombrada, quiere abrir. Quiere leer las palabras que, sin duda, buscan calmarme, reconquistarme. "Querida, me preocupas." "Clémence está loca, no la escuches. Lo que tenemos es diferente."
Pero la Nora de hoy, la que fue desmantelada en un banco público, sabe. Sabe que son solo palabras. Las misma