Desde que llegamos a Markovia, no me permití sentir. Solo pensaba en cifras, inversores, estrategias. Era más fácil llenar mi mente de pendientes que de recuerdos.
Mathias me veía con cierta preocupación, pero no decía nada. Me dejaba espacio. Hasta esa noche, en la terraza del hotel, cuando la ciudad parecía un mapa de luces.
—Ana… —dijo con una copa de vino entre las manos—. Quiero decirte algo antes de que lo leas en cualquier lugar.
Lo miré, esperando lo peor.
—Estoy saliendo con alguien. A