Volver a la oficina se sentía como meterme al fuego con los ojos vendados.
Después de todo lo que había pasado, después de las fotos, las noticias, los silencios, y el desastre emocional que llevaba por dentro, estar de nuevo aquí era una prueba de fuego. Respiré hondo antes de cruzar esas puertas de cristal que antes me hacían sentir poderosa, y que ahora solo me recordaban cuánto había perdido.
Todos me miraban. Algunos con curiosidad. Otros con lástima. Y otros con ese asco disfrazado de res