Me incorporé con fuerza. No iba a permitir que me viera destruida, no después de la forma en que salió de mi casa esta mañana. Me duché, me maquillé con detalle, y escogí la blusa más elegante que tenía. Hoy iba a lucir como lo que era: una mujer fuerte, digna… aunque por dentro estuviera hecha trizas.
Tomé un taxi, sin querer enfrentarme a la tristeza del bus. Al llegar a la empresa, el cielo parecía todavía gris, pero yo… yo entré con la cabeza en alto, firme, sintiendo que mis tacones marcab