El nuevo hospital era silencioso, demasiado silencioso. Apenas entré, sentí que las paredes blancas me rodeaban como si quisieran recordarme que debía empezar de nuevo, que aquí tenía que volver a aprender a respirar. Matías había sido impecable en todo: enfermeras asignadas solo para mí, un cuarto amplio, con vista hacia los árboles de la ciudad, como si quisiera darme la ilusión de que aún existía un mundo afuera de todo este caos.
Me acomodé en la cama despacio, con el cuerpo adolorido, pero