No entendía nada y quería enterrarme como los avestruces, en realidad no. Lo que quería era huir con mi niña para que nadie nos separara, pero ahora sería difícil huir. La jefa nos invitó a todos a la mesa y no pude negarme, ya estaba sentenciada a quedarme en esta tremenda casota, pues según ellos era el lugar más seguro, así que agaché la cabeza he hice caso.
En el medio de la cena el jefe nos contó que la señora Dana y Tommy volverían a España, aunque ella estaba renuente a irse por mi culpa