El día pintaba para ser uno genial, pues al rato apareció el jefe con su esposa y quedaron maravillados con lo que habíamos hecho, hasta que uno de los chicos que estaba trabajando nos llamó para avisarnos que alguien me estaba buscando y el corazón se me detuvo por un instante.
-Jefe, por favor no diga que estoy aquí, se lo suplico.- le digo asustada, mi jefe me mira y comprende, por lo que toca mi hombro y nos habla a todos.
-Déjenmelo a mí, pero tendrás que decirme que es lo que pasa López ¿